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martes, 15 de julio de 2025
EXODO PARTE 137
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Cuando Dios visitó y redimió a su pueblo, y le hizo salir de la tierra de Egipto, no fué ciertamente con el fin de hacerle morir de hambre en el desierto. Los hijos de Israel hubieran debido saberlo. Habrían debido confiar en Dios, y caminar en íntima comunión con este amor que les había librado de una manera tan gloriosa de los horrores de la esclavitud en Egipto. Hubieran debido acordarse que era infinitamente mejor estar en el desierto con Dios, que en medio de los hornos de ladrillo con Faraón. Pero no, al corazón humano le cuesta mucho trabajo creer en el amor puro y perfecto de Dios; tiene mayor confianza en el diablo que en Dios. (Comp. Gén 3:1-6). Considerad por un momento todos los sufrimientos, la miseria, y la degradación que el hombre ha sufrido por haber dado oídos a la voz de Satán; y no obstante, jamás le oiréis quejarse de servirle, ni expresar el menor deseo de sustraerse a su influencia. El hombre no está descontento de Satán, ni cansado de servirle. Todos los días recoge los amargos frutos de ese campo que el diablo ha abierto delante de él, y todos los días se le ve sembrar de nuevo la misma semilla y someterse a los mismos trabajos.
El hombre obra de una manera bien distinta respecto a Dios. Cuando hemos empezado a caminar por su senda, estamos dispuestos a murmurar y a rebelamos, tan pronto se nos presenta la primera apariencia de prueba o tribulación; y esto es por falta de cultivar en nosotros un espíritu de agradecimiento y confianza. Olvidamos fácilmente diez mil mercedes delante de la más pequeña privación. Hemos recibido el perdón gratuito de todos nuestros pecados (Efes. 1:7; Col. 1:14); "somos aceptos en el Amado" (Efes. 1:6); herederos de Dios y coherederos con Cristo (Efes. 1:11; Rom. 8:17; Gál. 4:7); esperamos la gloria eterna (Rom. 8:18-25; 2 Cor 4:15; 5:5; Fil. 3:20-21; Gál. 5:5; Tito 2:13; 1 Juan 3:2, etc.); además, nuestro camino a través del desierto está sembrado de innumerables favores (Rom. 8:28), y a pesar de esto, cuando una nube grande como la palma de la mano aparece en el horizonte, nube que, después de todo, tal vez no hará otra cosa que deshacerse en bendiciones sobre nuestras cabezas, olvidamos inmediatamente las múltiples gracias que nos han
sido concedidas. Continuará...
lunes, 14 de julio de 2025
EXODO PARTE 136
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
La estancia en Elim era muy propia para calmar a los Israelitas y hacer cesar sus murmuraciones. La deliciosa sombra de sus palmas, y las aguas refrescantes de sus fuentes, eran muy a propósito, después de la prueba de "Mara", y nos presentan, en figura, las excelentes virtudes de ese ministerio espiritual del cual Dios se sirve para proveer a las necesidades de su pueblo aquí abajo. Los números "doce" y "setenta", son muy significativos y están en íntima relación con el ministerio apostólico (Luc. 10:1, 17; 6:13).
A pesar de esto, "Elim" estaba lejos de ser "Canaán". Las fuentes y las palmas de Elim solo anticipaban un pequeño goce del hermoso país, situado más allá de los límites de ese desierto estéril, en el que acababan de entrar los redimidos de Jehová. Israel podía, sin duda alguna, apagar allí su sed y hallar un agradable refugio contra los ardores del sol; mas estas aguas y esta sombra
eran solo las del desierto, siendo su momentáneo objeto reanimar y fortalecer al pueblo en su marcha hacia Canaán. El mismo fin tiene el ministerio en la Iglesia: es un auxilio para nuestras necesidades al cual recurrimos para refrigerarnos, fortalecernos y reanimarnos. "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo". (Efes. 4:13).
"Y partida de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto". (Vers. 1). Aquí vemos a Israel en una interesante y notable posición: el pueblo está todavía en el desierto; pero se halla en una parte muy importante y significativa, a saber, "entre Elim y Sinaí". El primero de estos lugares era donde Israel había gustado recientemente las refrescantes aguas del ministerio divino; el segundo, era aquel donde ellos iban a abandonar el terreno de la gracia gratuita y soberana, para ponerse bajo una alianza de obras. Los hijos de Israel aparecen aquí como los objetos de la misma gracia que les había hecho salir de la tierra de Egipto, y por esto Dios responde a sus murmuraciones con el oportuno socorro. Cuando Dios obra en la manifestación de su gracia, no halla obstáculo alguno para bendecir; las bendiciones que El derrama, corren sin interrupción. Sólo cuando el hombre se coloca bajo la ley, pierde todos los privilegios de la gracia, porque entonces es necesario que Dios le deje conocer a cuanto puede llegar, en virtud de sus propias obras. Continuará...
domingo, 13 de julio de 2025
sábado, 12 de julio de 2025
EXODO PARTE 135
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
He aquí las pruebas del desierto: "¿Qué comeremos y qué beberemos?" Las aguas de Mara
pusieron a prueba el corazón del pueblo de Israel y manifestaron su espíritu murmurador; mas
Jehová les hizo ver que no hay ninguna amargura que no pueda ser endulzada por medio de la
gracia. "Y Moisés clamó a Jehová; y Jehová le mostró un árbol, el cual metídolo que hubo dentro de
las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probo". Qué
hermoso ejemplo nos ofrece este "árbol" de Aquél que, por la gracia infinita, fué metido en las
aguas amargas de la muerte, a fin de que esas aguas nos fuesen endulzadas para siempre. Nosotros
podemos decir verdaderamente que "la amargura de la muerte ha pasado", quedando para nosotros
las dulzuras eternas de la resurrección.
El versículo 26 nos enseña cuanto hay de solemne en el primer período de la carrera de los
redimidos de Jehová a través del desierto. Durante este período se corre el riesgo de entregarse a un
espíritu de agitación, de impaciencia y de murmuración. El único medio para preservarse de ese
espíritu, es tener la mirada firmemente fija en Jesús, "puestos los ojos en Jesús". (Heb. 12:2).
Bendito sea su nombre, El se manifiesta siempre de la manera más apropiada a las necesidades de
su pueblo; y los suyos, en lugar de quejarse por las circunstancias en que se hallan, deberían tomar
ocasión de ellas para dirigirle de continuo nuevas peticiones. De esta manera el desierto nos será
útil para enseñarnos lo que es Dios. Es una escuela en la que aprendemos a conocer su gracia
longánima, y sus abundantes reservas de bondad. "Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus
costumbres en el desierto". (Hech. 13:18). El hombre espiritual reconocerá siempre que bien vale la
pena de encontrar aguas amargas cuando Dios viene a endulzarlas. "Y no solo esto, mas aun nos
gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia,
prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios está
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado". (Rom. 5:3-5).
No obstante, el desierto tiene sus "Elim" lo mismo que sus "Mara", sus fuentes y sus palmas,
así como sus aguas amargas. "Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas y setenta
palmas; y asentaron allí junto a las aguas". (Vers. 27). El Señor, en su gracia y ternura, prepara
verdes lugares de reposo en el camino de su pueblo peregrinando por el desierto; y aunque solo sean
oasis, sirven perfectamente para refrescar el espíritu y reanimar el corazón. Continuará...
viernes, 11 de julio de 2025
EXODO PARTE 134
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
¡Con qué solemnidad debieran resonar estas palabras en los oídos de aquellos que de una manera o de otra
están unidos a esta Babilonia, es decir, a la falsa iglesia profesante! "Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis
participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas". (Apoc. 18:4). La "potencia" del Espíritu Santo debe
necesariamente producir una "forma" particular, y el fin del enemigo ha sido siempre desnudar a la iglesia profesante de
la potencia, al propio tiempo que procura hacerla perpetuar la forma, a estereotipar la forma, cuando el espíritu y la vida
ya han desaparecido. Es así como él ha construido la Babilonia espiritual. Las piedras con que está edificada, son los
profesantes de piedad, privados de vida, y la argamasa que los une es una "forma de piedad sin potencia".
¡Querido lector, apliquémonos a comprender estas cosas plenamente, claramente y eficazmente!
Sin embargo, estando eternamente unidos delante de Dios con Aquél que entró triunfante en
el lugar santísimo, y tomó asiento a la diestra de la Majestad, es nuestro privilegio saber que por la
fe, estamos sentados "en los cielos con Cristo Jesús". (Efes. 2:6). Por tanto, aunque en cuanto a
nuestros cuerpos estamos en Egipto, en cuanto a nuestra experiencia estamos en el desierto;
mientras que, al mismo tiempo, la fe nos introduce en espíritu en Canaán, y nos capacita para
alimentarnos de los "frutos de la tierra", es decir, de Cristo; pero no solamente de un Cristo
descendido al mundo, sino también de un Cristo subido al cielo y sentado allí en la gloria. (Comp. 1
Tim. 3:16).
En los últimos versículos del capítulo 15, vemos a Israel en el desierto. Terribles juicios
habían caído sobre Egipto, mientras que Israel había sido librado de todos ellos; los Egipcios del
ejército de Faraón estaban muertos en la orilla del mar, e Israel seguro y triunfante. Todo iba bien
hasta entonces, pero, ¡ay! las cosas cambiaron pronto de aspecto; los cánticos de alabanza fueron
reemplazados por palabras de murmuración: "Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de
Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. Entonces el pueblo murmuró
contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?" Y más adelante: "Y toda la congregación de los hijos
de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y decíanles los hijos de Israel: Ojalá
hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de
las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado a este desierto, para matar de
hambre a toda esta multitud". (Cap. 16: 2-3). Continuará...
jueves, 10 de julio de 2025
EXODO PARTE 133
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Por esta causa el Espíritu Santo llama a nuestros tiempos "tiempos peligrosos". (2 Tim. 3:1). Es necesaria una energía especial del Espíritu de Dios y una entera sumisión a la autoridad de las Escrituras, para hacer frente al poder combinado de las realidades de Egipto por un lado, y al espíritu y principios de Babilonia por otro. Las primeras responden a los deseos naturales del corazón, mientras que los segundos se dirigen a la religiosidad natural asociándose con ella, lo cual les da una gran influencia sobre el corazón humano. El hombre es un ser religioso y particularmente accesible a la influencia de la música, de la escultura, de la pintura y de la pompa de los ritos y de las ceremonias religiosas. Cuando esas cosas se alían en el mundo a todo lo que puede satisfacer las necesidades naturales del hombre, a todo el confort y a la suntuosidad de la vida, no hay más que la Palabra y el Espíritu de Dios que pueden guardar al alma fiel a Cristo.
Es necesario notar también que hay una diferencia muy grande entre el destino de Egipto y el de Babilonia. El capítulo 19 de Isaías pone ante nuestra vista las bendiciones reservadas a Egipto, terminando así: "Y herirá Jehová a Egipto, herirá y sanará; y se convertirán a Jehová, y les será clemente, y los sanará. En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y Asirios entrarán en Egipto, y Egipcios en Asiria; y los Egipcios servirán con los Asirios a Jehová. En aquel tiempo, Israel será tercero con Egipto y con Asiria; será bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá, diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el Asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad". (Vers. 22-25).
El fin de la historia de Babilonia es muy diferente, ya sea considerándola literalmente como una ciudad, o como un Sistema espiritual. "Y convertiréla en posesión de erizos, y en lagunas de agua; y la barreré con escobas de destrucción, dice Jehová de los ejércitos". (Isaías 14:23). "Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni hincará allí tienda el Arabe, ni pastores tendrán allí majada". (Isaías 13:20). He aquí lo que la Palabra nos enseña en cuanto a la Babilonia literal. Considerándola bajo el punto de vista místico o espiritual, hallamos su descripción en el capítulo 18 del Apocalipsis. El fin de esta Babilonia está anunciado de esta manera: "Y un ángel fuerte tomó una piedra como una grande piedra de molino, y la echó en la mar, diciendo: Con tanto ímpetu será derribada Babilonia, aquella grande ciudad, y nunca más será hallada". (Vers. 21). Continuará...
miércoles, 9 de julio de 2025
EXODO PARTE 132
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
El tierno y lozano verdor de la primavera, con ese encanto que le es peculiar, desaparece bien pronto ante los abrasadores calores del estío; pero este mismo calor, que destruye el espléndido y verde ropaje de la primavera., produce, por su acción bienhechora, los dulces y maduros frutos del otoño. Lo mismo acontece en la vida cristiana; sabida es la grande analogía que existe, muy notable e instructiva por cierto, entre los principios que rigen el reino de la naturaleza, y aquellos que caracterizan el reino de la gracia, siendo los unos y los otros la obra del mismo Dios.
Nosotros podemos contemplar a Israel bajo tres posiciones distintas: en Egipto, en el desierto y en la tierra de Canaán. En cada una de estas posiciones son una "figura de nosotros"; aunque en cuanto a nosotros, nos hallamos en las tres posiciones a la vez. Esto puede parecer algo paradójico, pero es absolutamente cierto. En realidad, nosotros nos encontramos en Egipto, rodeados por las cosas de la naturaleza que se adaptan perfectamente al corazón natural. Pero, por cuanto por su gracia, Dios nos ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, y según los afectos y deseos de la nueva naturaleza que hemos recibido de El, estamos necesariamente, fuera de todo aquello que pertenece a Egipto, es decir, al mundo en su estado natural; y esto nos hace experimentar lo que es el desierto; o en otras palabras, nos pone, en cuanto a nuestra experiencia, en el desierto. La naturaleza divina suspira ardientemente por otro orden de cosas, por una atmósfera más pura que aquella que nos rodea, y nos hace sentir, con sus anhelos, que el Egipto es, moralmente, un desierto.
Entre Egipto y Babilonia hay una inmensa diferencia moral que es de suma importancia comprender. Egipto era el lugar de donde Israel había salido; Babilonia el lugar a donde fué transportado más tarde. (Comp. Amós 5:25-27 con Hech. 7:42-43). Egipto es la figura de lo que el hombre ha hecho del mundo; Babilonia, es la figura de lo que Satán ha hecho, hace, y hará con la Iglesia. Así que nosotros no estamos solamente rodeados con las "circunstancias" de Egipto, sino también con los principios morales de Babilonia. Continuará...
martes, 8 de julio de 2025
EXODO PARTE 131
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Lector cristiano, medita bien esto. La idea de Dios habitando con los hombres se halla expresada en las Escrituras desde el capítulo 15 del Exodo hasta el Apocalipsis. Oigamos el lenguaje de un corazón devoto: "No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado; no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el fuerte de Jacob". (Salmo 132:3-5). Y luego: "Porque me consumió el celo de tu casa" (Sal. 69:9; Juan 2:17). No intento meditar aquí este asunto extensamente, pero quisiera poder interesar el corazón del lector para que lo estudiase por sí mismo, con oración, desde la primera vez que se menciona en las Escrituras, hasta esta hermosa y consoladora declaración: "He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos". (Apoc. 21:3-4).
"E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua". (Vers. 22). Cuando entramos en la vida de experiencias del desierto, entonces somos puestos a prueba a fin de que se manifieste hasta que punto conocemos a Dios y a nuestro propio corazón. El principio de nuestra vida cristiana se ve acompañado de un gozo fresco y exuberante que muy pronto atempera el viento seco del desierto; entonces, a menos de no estar completamente dominados por el profundo sentimiento de que Dios es por nosotros, nos sentimos inclinados a dejarnos abatir y "apartarnos de corazón a Egipto".
(Hech. 7:39). La disciplina del desierto nos es necesaria, no para darnos derecho a Canaán, sino para enseñarnos a conocer a Dios y a nuestro propio corazón, para ponernos en disposición de comprender el poder de nuestra relación con Dios, y capacitarnos para gozar de Canaán cuando realmente entraremos en la tierra prometida. (Véase Deut. 8: 2-5).Continuará...
lunes, 7 de julio de 2025
EXODO PARTE 130
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
No han terminado todavía con ellas mismas; aun no han atravesado el mar, ni, como un pueblo bautizado en un bautismo espiritual, han tomado lugar en la orilla, por la potencia de la resurrección; están aún ocupándose de ellas mismas, en un sentido u otro; no consideran el yo como una cosa crucificada, con la cual Dios ha terminado para siempre.
Qué el Espíritu Santo dé a todos los hijos de Dios una inteligencia más completa y más digna de su posición y de sus privilegios, haciéndoles comprender que, lavados de sus pecados en la sangre de Cristo, están delante de Dios en la misma gracia infinita y perfecta con que Cristo está allí, como el Jefe resucitado y glorificado de su Iglesia. Las dudas y temores no sientan bien a los hijos de Dios, porque su divino Sustituto no ha dejado ni la sombra de un fundamento donde pueda apoyarse la más pequeña duda o el más ligero temor. Su lugar está detrás del velo. Ellos tienen "la libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo". (Heb. 10:19). ¿Pueden haber dudas y temores en estos lugares santos? ¿No es evidente que el que duda pone en tela de juicio la perfección de la obra de Cristo, esta obra a la cual Dios ha rendido testimonio delante de toda inteligencia creada, por la resurrección de Cristo de entre lo muertos? Cristo no habría podido salir de la tumba sin que todo motivo de duda o temor para su pueblo fuese completamente desvanecido.
Por lo tanto, el cristiano tiene el glorioso privilegio de poderse regocijar siempre en una salvación perfecta. Dios mismo ha venido a ser "su salvación", y nada más debe hacer excepto gozar de los frutos de la obra que Dios ha realizado en favor suyo, y vivir para su gloria esperando el tiempo cuando "Jehová reinará por los siglos de los siglos". (Vers. 18).
En el cántico de Moisés y de los hijos de Israel, hay un pasaje sobre el cual quisiera llamar la atención del lector de una manera particular. "El es mi Dios, y yo le prepararé una habitación". (Vers. 2, citado según la versión inglesa). Es digno de notarse que en el momento cuando el corazón desborda del gozo de la salvación, expresa el deseo de preparar "una habitación" a Dios. Continuará...
domingo, 6 de julio de 2025
EXODO PARTE 129
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Todo se refiere a Jehová. Es una efusión del alma, producida por la contemplación del Dios de misericordia y de gloria, y de sus obras maravillosas. Además el cántico hace mención del cumplimiento presente de los designios de Dios: "llevástelo con tu fortaleza a la habitación de tu santuario". (Vers. 13). Los hijos de Israel podían hablar así, aunque no habían hecho más que poner el pie sobre el borde del desierto. Su cántico no era la expresión de una vaga esperanza. No; cuando el alma no se ocupa más que de Dios, puede sumergirse en la plenitud de su gracia, reanimarse a la luz de su rostro, y regocijarse en las abundantes riquezas de su misericordia y de su bondad. La perspectiva que se abre delante de ella está libre de toda nube; poniéndose sobre la roca eterna, donde le ha conducido el amor de un Dios Salvador, y unida a un Cristo resucitado, ella recorre la inmensa esfera de los planes y designios de Dios, y fija su mirada en el resplandor supremo de esta gloria, que Dios ha preparado para todos aquellos que han lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero.
Esto nos explica el carácter tan pleno, tan brillante y tan elevado de los cánticos que hallamos en las Santas Escrituras. La criatura es puesta a un lado; Dios es el único objeto, y llena El solo toda la esfera de la visión del alma. Nada hay allí que pertenezca al hombre, ni a sus pensamientos o a sus experiencias; por esto la alabanza puede resonar incesantemente. ¡Cuán diferentes son estos cantos de los cánticos que son la expresión de nuestras faltas, de nuestras flaquezas y de nuestra insuficiencia, y que oímos cantar con tanta frecuencia en las congregaciones cristianas! Es muy cierto que nunca podremos cantar con poder e inteligencia, mientras miremos a nosotros mismos. Siempre descubriremos algo en nosotros que será un obstáculo para nuestro culto.
En verdad, muchas personas parecen creer que el estar en un continuo estado de duda y de incertidumbre es una gracia cristiana; y de esto resulta que sus himnos participan del mismo carácter de su estado. Estas personas, por sinceras y piadosas que puedan ser, no han llegado todavía, en la verdadera experiencia de sus almas, a comprender el verdadero espíritu del culto. Continuará...
sábado, 5 de julio de 2025
EXODO PARTE 128
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Este es el culto verdadero. Cuando nosotros perdemos de vista nuestro miserable "yo" con todo lo que le pertenece, y solo Cristo llena nuestros corazones, entonces podemos ofrecer a Dios un culto verdadero. Los esfuerzos de una piedad carnal no son necesarios para despertar en el alma los sentimientos de devoción; ninguna necesidad tenemos de recurrir a la pretendida ayuda de una religión, "así llamada", para encender en el alma la llama de un culto agradable a Dios. Basta con que el corazón esté ocupado por la persona de Cristo y "1os cánticos de alabanza" se elevarán naturalmente. Cuando la mirada está fija en El, es imposible que el espíritu no se incline en santa adoración. Si contemplamos el culto de los ejércitos celestiales que rodean el trono de Dios y del Cordero, veremos que es siempre promovido por algún rasgo especial de la perfección divina o por alguna de sus obras. Y así debería ser en la Iglesia sobre la tierra; y cuando es de otra manera, es porque nos hemos dejado invadir por ciertas cosas que no tienen ningún lugar en las regiones de la luz pura y de la dicha perfecta. En todo culto verdadero, Dios mismo es el objeto del culto, el asunto del culto, y el poder del culto.
Por esto el capítulo que meditamos es un hermoso ejemplo de un cántico de alabanza. Es el lenguaje de un pueblo redimido, celebrando las alabanzas de Aquél que los ha redimido. "Jehová es mi fortaleza, y mi canción, y hame sido por salud; éste es mi Dios, y éste engrandeceré; Dios de mi padre, y a éste ensalzaré. Jehová, varón de guerra; Jehová es su nombre. ¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿quién como tú, magnífico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas?
Condujiste en tu misericordia a este pueblo, al cual salvaste; llevástelo con tu fortaleza a la habitación de tu santuario. Jehová reinará por los siglos de los siglos". ¡Qué ancha esfera abarca este cántico! Comienza con la redención y termina por la gloria. Comienza por la cruz y se termina por el reino. Se parece a un hermoso arco iris, del cual una de las extremidades se apoya en "las aflicciones", y la otra en "las glorias después de ellas". (1 Ped. 1:11). Continuará...
jueves, 3 de julio de 2025
EXODO PARTE 127
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Y la prueba de que nuestro pecado ha sido juzgado así, la tenemos en la resurrección de nuestro Sustituto. "He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres". (Eccl. 3:14).
No obstante, aunque generalmente se admite todo esto como verdadero, en cuanto a la Iglesia colectivamente, un buen número de personas tienen mucho trabajo para aplicárselo personalmente. Estas personas están dispuestas a decir con el salmista: "Ciertamente bueno es Dios a Israel, a los limpios de corazón. Mas yo . . ." etc.! (Salmo 73:1-2). Ellas miran a sí mismas en lugar de mirar a Cristo en la muerte, y a Cristo en la resurrección. Se ocupan más de su manera de aplicarse a Cristo que de Cristo mismo. Piensan en su capacidad antes que en su privilegio; y así son retenidas en un estado de deplorable incredulidad, y por consiguiente, no pueden tomar nunca el lugar de los adoradores dichosos e inteligentes. Se esfuerzan en orar pidiendo la salvación, en vez de regocijarse en la posesión consciente de ella. Miran a sus obras imperfectas en lugar de mirar la expiación perfecta de Cristo.
Examinando las diversas expresiones de este cántico del capítulo 15 del Exodo, no hallamos ni una sola que haga referencia al "yo", ni a sus acciones, palabras, sentimientos o frutos; todo se refiere a Jehová, desde el principio al fin. Moisés comienza su cántico así: "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente, echando en el mar al caballo y al que en él subía". Estas palabras son una muestra de todo el cántico; desde el principio al fin no habla más que de los atributos y de las obras de Jehová. En el capítulo 14, el corazón del pueblo había sido puesto en estrecho, en alguna medida, bajo la presión excesiva de las circunstancias; pero en el 15, la carga ha sido quitada, y el corazón del pueblo se ensancha libremente dando expresión al dulce cántico de alabanza. El yo esta olvidado; las circunstancias han desaparecido de la vista. No se ve más que un solo objeto, uno solo: el Señor Todopoderoso en su carácter y en sus obras. Israel podía decir: "Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo". (Sal. 92:4). Continuará...
miércoles, 2 de julio de 2025
EXODO PARTE 126
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 15
Cuando los Israelitas salieron de su bautismo "en la nube y en el mar", y pudieron contemplar a los Egipcios muertos en la orilla (cap. 14:30), entonces sus seiscientas mil voces entonaron el cántico de la victoria. Las aguas del mar Rojo se extendían entre ellos y Egipto, y se hallaban salvos en la orilla, como un pueblo libertado; por esto podían entonces celebrar a Jehová.
En esto, como en todas las demás cosas, "fueron en figura de nosotros". Es necesario que también nosotros nos consideremos salvados, por la potencia de la muerte y de la resurrección, antes que podamos ofrecer a Dios un puro "y racional culto". Sin esto, siempre habrá reserva y vacilación en el alma, proviniendo, sin duda alguna, de la incapacidad positiva en comprender el valor de la redención cumplida que hay en Cristo Jesús. Es posible que se reconozca que la
salvación está en Cristo y no en ningún otro; pero es otra cosa distinta el comprender, por la fe, el verdadero carácter y el fundamento de esta salvación, realizándola como nuestra. El Espíritu de Dios revela en las Escrituras, con perfecta claridad, que la Iglesia está unida a Cristo, en su muerte y en su resurrección; y además, que en Cristo resucitado y sentado a la diestra de Dios, está la medida perfecta y la garantía de la aceptación de la Iglesia. Cuando se cree esto, el alma es transportada más allá de las regiones de la duda y de la incredulidad. ¿Cómo puede dudar el cristiano cuando sabe que un Abogado, a saber "Jesucristo el justo", le representa continuamente ante el trono de la gracia? (1 Juan 2:1). El más débil de los miembros de la Iglesia de Dios tiene el privilegio de saber que ha sido representado por Cristo en la cruz, y que todos sus pecados han sido confesados, llevados, juzgados y expiados sobre esta cruz. He aquí una realidad divina, que, comprendida por la fe, da la paz; pero fuera de ella nada puede darla. Se podrán observar pía y devotamente todas las ordenanzas, todos los deberes y todas las fórmulas de la religión; mas el único medio de librar enteramente la conciencia del peso del pecado, es viendo al pecado juzgado en la persona de Cristo, ofrecido como ofrenda por el pecado, sobre el madero maldito. (Comp. Heb. 9:26; 10:1-18). Si el pecado ha sido juzgado allí "una sola vez" y "para siempre", el creyente no puede menos que considerar la cuestión del pecado como una cosa divinamente, y, por lo tanto, eternamente ajustada. Continuará...
martes, 1 de julio de 2025
EXODO PARTE 125
ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL
EXODO
Por C.H.M.
CAPITULO 14
Así, aunque los creyentes están rodeados todavía por las cosas de Egipto, se hallan, en cuanto a su experiencia actual, en el desierto, y son llevados al mismo tiempo, por la energía de su fe, al lugar donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. El creyente no sólo ha recibido el perdón de todos sus pecados, sino que está, de hecho, asociado a un Cristo resucitado en los cielos; no es sólo salvo por Cristo, sino unido a El para siempre. Nada menos que esto no habría podido satisfacer el amor de Dios, ni realizar sus designios respecto a la Iglesia.
Lector, ¿comprendes tú estas cosas? ¿Las crees? ¿Las realizas? ¿Manifiestas su potencia?
Bendigamos la gracia de Dios que las ha hecho invariablemente ciertas para cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo, ya sea sólo un "ojo" o una "oreja", una "mano" o un "pie" de este cuerpo glorioso. La verdad de estas cosas no depende de su manifestación por nosotros, ni de que las realicemos y comprendamos, sino de la preciosa sangre de Cristo, que ha borrado todos nuestros pecados, y ha puesto el fundamento para el cumplimiento de todos los consejos de Dios a favor nuestro. Es aquí donde está el verdadero descanso para todo corazón quebrantado y para toda conciencia cargada.
CAPITULO 15
Este capítulo empieza con el magnífico cántico de victoria entonado por Israel en la orilla del mar Rojo, cuando "vio aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios". (Cap.14:31). Los Israelitas habían visto la salvación de Jehová, y por esto cantan sus alabanzas y cuentan sus grandes obras. "Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová". (Vers. 1).
Hasta aquí no hemos oído ningún cántico de alabanza, ni siquiera una sola nota de regocijo. Hemos oído el grito angustioso del pueblo, aplastado bajo el duro trabajo de los hornos de ladrillo de Egipto; hemos oído también el grito de su incredulidad, cuando se hallaba rodeado de dificultades
que creía insuperables; pero nunca todavía un cántico de alabanza. Este no se oyó hasta que, como pueblo salvo, toda la congregación redimida se vio rodeada por las pruebas de la salvación de Dios, y prorrumpió en cánticos de triunfo. Continuará...
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