jueves, 3 de julio de 2025

EXODO PARTE 127

ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL EXODO Por C.H.M. CAPITULO 15 Y la prueba de que nuestro pecado ha sido juzgado así, la tenemos en la resurrección de nuestro Sustituto. "He entendido que todo lo que Dios hace, eso será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres". (Eccl. 3:14). No obstante, aunque generalmente se admite todo esto como verdadero, en cuanto a la Iglesia colectivamente, un buen número de personas tienen mucho trabajo para aplicárselo personalmente. Estas personas están dispuestas a decir con el salmista: "Ciertamente bueno es Dios a Israel, a los limpios de corazón. Mas yo . . ." etc.! (Salmo 73:1-2). Ellas miran a sí mismas en lugar de mirar a Cristo en la muerte, y a Cristo en la resurrección. Se ocupan más de su manera de aplicarse a Cristo que de Cristo mismo. Piensan en su capacidad antes que en su privilegio; y así son retenidas en un estado de deplorable incredulidad, y por consiguiente, no pueden tomar nunca el lugar de los adoradores dichosos e inteligentes. Se esfuerzan en orar pidiendo la salvación, en vez de regocijarse en la posesión consciente de ella. Miran a sus obras imperfectas en lugar de mirar la expiación perfecta de Cristo. Examinando las diversas expresiones de este cántico del capítulo 15 del Exodo, no hallamos ni una sola que haga referencia al "yo", ni a sus acciones, palabras, sentimientos o frutos; todo se refiere a Jehová, desde el principio al fin. Moisés comienza su cántico así: "Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente, echando en el mar al caballo y al que en él subía". Estas palabras son una muestra de todo el cántico; desde el principio al fin no habla más que de los atributos y de las obras de Jehová. En el capítulo 14, el corazón del pueblo había sido puesto en estrecho, en alguna medida, bajo la presión excesiva de las circunstancias; pero en el 15, la carga ha sido quitada, y el corazón del pueblo se ensancha libremente dando expresión al dulce cántico de alabanza. El yo esta olvidado; las circunstancias han desaparecido de la vista. No se ve más que un solo objeto, uno solo: el Señor Todopoderoso en su carácter y en sus obras. Israel podía decir: "Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo". (Sal. 92:4). Continuará...

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