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LA VOLUNTAD DE DIOS CAPITULO treinta y dos
"Por eso dije: «Aquí me tienes como el libro dice de mi. Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí." (Salmos 40: 7-8)
Si hay algo difícil de hacer para el ser humano es hacer "la voluntad de Dios", se requiere de un milagro, se requiere que Dios intervenga en nuestras vidas. En el Salmo 40 encontramos unos pasajes proféticos que nos hablan de la venida del Mesías prometido a esta tierra, precisamente a eso, a hacer la voluntad del Padre celestial, el verso 8 nos da una clave esencial para que entendamos como el hombre puede alcanzar esa proeza de agradar a Dios: "Tu ley la llevo dentro de mí". En el libro del Exodo encontramos que Dios le entrega la ley a Moisés escrita en dos tablas de piedra para que se las diera al pueblo de Israel. los cuales no la obedecieron y por eso todos perecieron en el desierto, entrando solamente los nacidos en el desierto, aparte de Josué y Caleb que si entraron también, luego encontramos el libro de Deuteronomio que es conocido como la segunda ley, la que es escrita en el corazón; Cristo vino precisamente a cumplir la ley, pues esa es la voluntad de Dios; Jesús es el único que la ha cumplido, El es la palabra que se hizo carne "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios". (Juan 1: 1 ) ¿Cómo podemos nosotros hacer la voluntad de Dios?
"Esta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió, les respondió Jesús" (Juan 6: 29) Al creer en Jesús, sucede el milagro que mencionamos al principio, Ocurre que Jesucristo nace en nuestros corazones para hacer su voluntad, así que, cuando hacemos lo que agrada a Dios, en realidad, no lo hacemos nosotros, Lo hace Jesús en nosotros, "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 corintios 15: 10)
Es imposible para el ser humano por naturaleza hacer la voluntad de Dios, solo la podemos hacer si está en nosotros la naturaleza divina, la del Señor Jesucristo en nosotros. "Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con la casa de Israel, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: “¡Conoce al Señor!”, porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán. " (Hebreos 8: 10-11) El nuevo pacto es el equivalente al libro de Deuteronomio, "La segunda ley", esa ley se está escribiendo precisamente en este tiempo en nuestros corazones, un día amaneceremos obedeciendo totalmente su palabra, no por obligación, sino por la nueva naturaleza que mora en nosotros por medio de Jesucristo. Entonces el milagro habrá sucedido en nosotros.
LA VIDA ETERNA Capítulo treinta y uno
"Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno" (2 Cor. 4: 18)
Charles Spurgeon dijo en una ocasión: "Si la salvación se pierde, entonces la estamos ganando, y si la estamos ganando no somos diferentes a las otras religiones", pero la pregunta es, ¿Qué es la vida eterna? El diccionario Larousse dice que es "Sin principio ni final"; el diccionario griego la describe como "Algo que no se puede medir por el tiempo", si nos "ganamos" la vida eterna y después la perdemos, entonces no era eterna. Pero mejor veamos que nos dice la escritura santa. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios" (Juan 3: 36) La vida eterna la recibimos en el momento que creemos, no cuando morimos (tiene vida eterna), en cambio, el que no cree dice que permanecerá, se usa el verbo permanecer en futuro, y permanecer es también en el sentido eterno. "Ciertamente les aseguro que el que cree tiene vida eterna" (Juan 6: 47)
La vida eterna está en el Hijo de Dios, tener a Jesucristo en nuestros corazones es tener la vida eterna, "Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida" (1 Juan 5: 11-12) La obra de la salvación es de Jesucristo, Él la comienza, y al final, Él la terminará, "Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables" (1 Pedro 5: 10) "Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida" (Juan 5: 24) ¿Será que al final tendremos la vida eterna?...¡NO!.. la palabra de Dios dice que ya tenemos vida eterna, porque el Hijo de Dios, Jesucristo, tiene la vida eterna, Él es la vida eterna, y lo único que tuvimos que hacer para recibirla es oír su palabra y creer en Él. Yo no he hecho ningún mérito para ganarme la vida eterna, al contrario, merecía la muerte, porque mis obras eran malas, entonces, ¿Cómo se puede ganar la vida eterna si mis obras son malas? Es por eso que la vida eterna, la salvación,
es un regalo INCONDICIONAL de Dios para este mundo, los que creen la reciben, y son perdonados de sus pecados (Obras malas), los que no creen, recibirán el castigo que si merecen por sus obras que siguen siendo malas. "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar" (Juan 10: 27-29) Si usted se agarra de la mano de Dios, la posibilidad de que se pierda es segura, pero gracias a Dios que no es así, es el Padre celestial quien le agarra, por eso nadie puede arrebatarle de Él, si usted se perdiera aun así (Que no es posible) ya no sería su responsabilidad sino la de Él , pero cuando Él agarra a alguien es imposible que se pierda. Si alguien siendo cristiano se pierde, es porque en realidad nunca lo fue, Pablo invita a Timoteo a hacer suya la vida eterna "Pelea la buena batalla de la fe; haz tuya la vida eterna, a la que fuiste llamado y por la cual hiciste aquella admirable declaración de fe delante de muchos testigos" (1 Tim 6: 12) Usted que lee esta reflexión, ¿Ya hizo suya la vida eterna? Hágala suya haciendo la declaración de fe, crea en el Señor Jesucristo y empiece a pelear la buena batalla de la fe.