sábado, 31 de mayo de 2025

EXODO PARTE 96

ESTUDIOS SOBRE EL LIBRO DEL EXODO Por C.H.M. CAPITULO 12 En este detalle vemos a Cristo, "nuestra pascua", exponiéndose El mismo a la acción del fuego de la justicia y de la santidad de Dios, que hallaron en El un objeto perfecto y justo. Cristo pudo decir: "Tú has probado mi corazón, hasme visitado de noche; me has apurado y nada inicuo hallaste; heme propuesto que mi boca no ha de propasarse". (Salmo 17:3). Todo en El fué perfecto; el fuego lo probó, y no halló en El escorias. "La cabeza con sus pies y sus intestinos", es decir, el asiento de su inteligencia, y su vida exterior, con todos sus afectos más íntimos, todo fué sometido a la acción del fuego, y todo fué hallado perfecto. Es muy significativa la manera en que el cordero debía ser asado, como lo son en su menor detalle todas las ordenanzas del Señor. "Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua". Si el cordero hubiese sido comido así, no habría podido ser la expresión de la preciosa y grande verdad que debía prefigurar según la intención de Dios, a saber, que nuestro Cordero pascual debía sufrir en la cruz la justa ira de Dios. Nosotros no estamos solamente bajo la protección eterna de la sangre, sino que por la fe, nuestras almas se nutren de la persona del Cordero. Muchos de entre nosotros nos equivocamos en este respecto. Estamos inclinados a contentarnos con ser salvos por la obra de Cristo cumplida a favor nuestro, sin mantenernos en una santa comunión con El. Su corazón amante no podía contentarse con esto. El nos ha cercado a sí para que pudiéramos gozar de El, alimentarnos de El y regocijarnos en El. Cristo se nos presenta como aquel que ha sufrido el fuego intenso de la ira de Dios con todo su rigor, a fin de ser, según su carácter maravilloso de Cordero, el alimento espiritual de nuestras almas. Continuará...

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