miércoles, 27 de noviembre de 2024

GÉNESIS PARTE 172

ABRAHAM EN GERAR En este capítulo se nos presentan dos cosas distintas: la decadencia moral, en la cual a veces se permite caer el hijo de Dios a la faz del mundo; y luego la dignidad moral de la cual siempre está revestido a la vista de Dios. De nuevo Abraham manifiesta ese temor a las circunstancias tan bien conocido por el corazón humano. Habita en Gerar y teme a la gente del país. Como juzga que Dios no está en medio de ella, se olvida de que Dios está siempre con él. Parece estar más pendiente de la gente de Gerar que de Aquel que es más poderoso que ella. Se olvida de que Dios es poderoso para proteger a Sara, y entonces recurre al mismo disimulo del que se había servido en Egipto, varios años antes. Todo esto encierra un aviso muy serio. El padre de los creyentes es arrastrado al mal porque ha dejado de tener la vista fija en Dios. Abandona temporalmente su estado de dependencia de Dios y cede a la tentación. Es muy cierto que no somos fuertes más que mientras permanecemos adheridos a Dios por estar imbuidos de un sentimiento de completa debilidad. Nada nos puede dañar mientras marchemos en el sendero de sus preceptos. Si Abraham se hubiera apoyado simplemente en Dios, no se habrían entrometido con él los hombres de Gerar; y él habría tenido el privilegio de justificar la fidelidad de Dios en medio de las circunstancias más difíciles. Además, habría conservado su propia dignidad como hombre de fe. Es, en verdad, causa de tristeza ver cómo los hijos de Dios deshonran a su Padre y, por consiguiente, cómo se rebajan ellos mismos a la vista del mundo, en todas las circunstancias, al perder el sentido de Su suficiencia para toda emergencia. En tanto y en cuanto uno esté convencido de que todas sus fuentes están en Dios (Salmo 87:7), permanecerá por encima del mundo en todas sus formas. Nada eleva todo nuestro ser moral como la fe, pues ella nos transporta más allá del alcance de los pensamientos de este mundo. Porque ¿cómo comprenderá el hombre del mundo, o siquiera el cristiano mundano, la vida de la fe? ¡Imposible! La fuente en que bebe está fuera del alcance de su inteligencia. Como vive en la superficie de las cosas presentes, se ve lleno de esperanza y de confianza mientras vea lo que se imagina que es un fundamento razonable de esperanza y de confianza; pero ignora lo que es contar solamente con la promesa de un Dios invisible. El creyente, en cambio, permanece tranquilo en medio de las circunstancias y de los acontecimientos en los cuales la naturaleza no ve nada en lo que pueda descansar

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