domingo, 2 de abril de 2023

GENERACIÓN DE JESÚS VOL. 2

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EL SERMÓN DEL MONTE 3

1- CAPITULO TRES DICHOSOS LOS QUE LLORAN “Dichosos los que lloran, porque serán consolados” (Mateo 5: 4) “Dicen que lo hombres no deben llorar” Pero en realidad es una expresión de emoción o tristeza propia de todo ser humano, sin distinción de sexo, la diferencia es el por qué lloramos, se llora de alegría, se llora de tristeza, se llora de rabia, por causa de pelar cebollas o ingerir picantes, (aunque parezca un chiste). La bienaventuranza no es generalizada, es exclusiva de aquellos que son entristecidos por causa de Dios, ellos lloran porque esa tristeza que viene de Dios, causa en ellos arrepentimiento, eso nos pasa cuando somos confrontados por su palabra y nos damos cuenta que todo este tiempo estuvimos ofendiendo a Dios. “Si bien los entristecí con mi carta, no me pesa. Es verdad que antes me pesó, porque me di cuenta de que por un tiempo mi carta los había entristecido. Sin embargo, ahora me alegro, no porque se hayan entristecido sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes se entristecieron tal como Dios lo quiere, de modo que nosotros de ninguna manera los hemos perjudicado” (2 Corintios 7: 8-9) Pablo era muy conocido en las iglesias por su agresividad a traves de sus cartas, pero muy pasivo cuando estaba presente, al parecer, los corintios se habían puesto tristes por alguna amonestación que Pablo les había hecho por medio de una carta. Sin embargo, esa amonestación los llevó a arrepentirse, tal como espera Dios que reaccionemos. En cambio, la tristeza del mundo produce muerte, porque no nos conduce a un arrepentimiento, sino que nos causa odio, rencor y no nos da chance de reflexionar, hay personas que han llegado al extremo de quitarse la vida en un momento de tristeza profunda. “La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. Fíjense lo que ha producido en ustedes esta tristeza que proviene de Dios: ¡qué empeño, qué afán por disculparse, qué indignación, qué temor, qué anhelo, qué preocupación, qué disposición para ver que se haga justicia! En todo han demostrado su inocencia en este asunto” (2 Tesalonicenses 7: 10-11) La evidencia de la tristeza que proviene de Dios se verá en un cambio de actitud, en estos versículos lo vemos, prontos para disculparse, para que se haga justicia, que bueno es ser entristecidos por Dios, porque esto podría representar nuestra salvación eterna. Estos que lloran serán consolados por el mismo Jesucristo; ¿Se imagina usted siendo consolado por su Salvador Divino? de seguro no pararía de llorar y hallaría descanso para su alma. “El Espíritu del SEÑOR omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del SEÑOR y el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del SEÑOR, para mostrar su gloria” (Isaías 61: 1-3) A eso ha venido nuestro Salvador, el portador de buenas nuevas, ha venido a socorrer a los pobres, a consolar al triste y afligido, a traer liberación a los cautivos, y a los prisioneros, estos tiempos que vivimos son tiempos gloriosos, donde ya hemos empezado a ver la mano de Dios obrando en aquellos que hemos sido entristecidos para bien; ¡Gloria a Dios! “Vale más llorar que reír; pues entristece el rostro, pero le hace bien al corazón” (Eclesiastés 7: 3) Nuestra tristeza, lágrimas y lamentos serán cambiados por una unción de gozo y alegría en este tiempo final. "Dichos los que lloran, porque serán consolados"

sábado, 1 de abril de 2023

GENERACIÓN DE JESÚS VOLUMEN 1

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EL SERMÓN DEL MONTE 2

DICHOSOS LOS POBRES EN ESPIRITU CAPITULO DOS “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5: 3 NVI) El sermón del monte comienza tocando un tema muy importante: la pobreza. Su significado es: “Escasez o carencia de lo necesario para vivir” Todos sin excepción alguna, nacemos “muertos”, por causa del pecado original, esto quiere decir que no podemos tener comunión con Dios, es una muerte espiritual que sufren todos los seres humanos que inicia en el preciso momento de nuestro nacimiento. Podríamos decir entonces que todos tenemos la necesidad de volver a vivir espiritualmente; pero muchos no entienden esta necesidad, ni les importa, porque no creen esta verdad. Cuando la biblia habla de los pobres en espíritu se refiere a aquellos que sí reconocen de su necesidad de tener comunión con Dios; de hecho, todo ser humano manifiesta esa necesidad sin saberlo, sino mírelos buscando objetos, personas o cosas a quien rendir culto, aún los mismos ateos adoran a buda, quien era el mayor de los ateos. Pero principalmente se refiere a aquellos que son humildes, que nunca piensan en ser famosos, que buscan el beneficio común, y no solo en el propio, son aquellos que prefieren estar detrás de bambalinas, y que están dispuestos a ceder sus privilegios al prójimo, también le gusta compartir con los demás sin esperar nada a cambio. “Más vale lo poco de un justo que lo mucho de innumerables malvados; porque el brazo de los impíos será quebrado, pero el SEÑOR sostendrá a los justos” (Salmos 37: 16-17) El hecho de manifestar alguna dependencia muestra pobreza espiritual; los niños, por ejemplo, dependen totalmente de sus padres, su alimento, su salud, su educación, etc. etc. Los padres siempre querrán lo mejor para sus hijos; pero también miremos el amor que manifiestan los niños a sus padres, es un amor incondicional, no pueden estar por mucho tiempo separados de ellos. ¿Recuerda la primera vez que los llevó al colegio? Que escena más conmovedora, el niño no para de llorar porque se tendrá que separarse de su mamá o de su papá por un par de horas solamente; cuando un niño es castigado, su enojo es momentáneo, pero pasado un par de minutos, ya anda buscando los brazos de su mamá o de su papá, por eso dijo el Señor Jesús con toda razón que el reino de Dios les pertenecía. “En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: —¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: —Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (Mateo 18: 1-4) “Todo valle será alzado y todo monte será bajado” Esto lo dijo Dios por medio de sus profetas en el antiguo tiempo, en el reino de Dios no hay lugar para la avaricia, ni para la presunción, ni para el egoísmo, solo los humildes, los bondadosos, los que muestran empatía hacia los demás estarán en el reino de los cielos; si hay algo que le cierra las puertas del reino a alguien es el amor al dinero. —“Les aseguro —comentó Jesús a sus discípulos— que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. De hecho, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios” (Mateo 19: 23-24) Ser rico no es pecado, lo que sí es pecado es el amor al dinero, en el cielo veremos muchos ricos que supieron hacer lo correcto con sus riquezas; cuando alguien ama el dinero, difícilmente va a poder servir a Dios en su totalidad. “Ningún sirviente puede servir a dos patrones. Menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas.» Oían todo esto los fariseos, a quienes les encantaba el dinero, y se burlaban de Jesús. Él les dijo: «Ustedes se hacen los buenos ante la gente, pero Dios conoce sus corazones. Dense cuenta de que aquello que la gente tiene en gran estima es detestable delante de Dios” (Lucas 16: 13-15) Los fariseos no “amaban el dinero” ¡lo adoraban! Y Jesús lo sabía porque conocía sus corazones, aparentaban bondad, pero eran en extremo avaros, que a alguien le guste ganar dinero es diferente a que a alguien “adore” el dinero; me recuerda a los políticos, que aparentan ser buenos, pero sus corazones están llenos de maldad (los fariseos y publicanos eran los senadores o políticos de Israel en aquella época) “Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores” (1 Timoteo 6: 10) Esto lo podemos ver en el joven rico que pretendía obtener la vida eterna siguiendo literalmente la ley, pero cuando fue confrontado a ponerla en práctica, se entristeció, porque amaba más sus riquezas; desviarse de la fe significa que se tiene la intención, pero que nunca se toma la decisión de seguir a Cristo, esto lo podemos ver en los cultos, cuando llega el momento de hacer el llamamiento, las personas se excusan, dicen que, cuando hayan dejado esto o aquello lo van a hacer, para algunos, el aportar económicamente a la obra, es un obstáculo, nunca llegaron a creer por causa de su amor por sus riquezas. “Jesús miró alrededor y les comentó a sus discípulos: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!” (Marcos 10: 23) En realidad, no es imposible, pero si difícil para un rico entrar al reino de los cielos; pero hay una tragedia mayor, ser pobre en lo material, y ser presuntuoso, altivo y egoísta. De hecho, la mayoría en alguna medida lo hemos sido, Jesús se los advirtió a sus discípulos, si no cambian de actitud no entrarán, la mayoría de ellos eran pobres, y más de alguno le reclamó diciéndole: ¿Qué de nosotros que lo hemos dejado todo? Sus mentes todavía estaban enfocadas a recibir a cambio algún bien material, es obvio que tenemos que aprender a amar a Dios sobre todas las cosas. “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” Amén.